Desde tiempos remotos, la región de Poitou-Charentes ha sido una tierra de paso entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste.
Trovadores, buscavidas, viajeros, vendedores ambulantes, mercaderes, comerciantes, peregrinos de camino a Santiago… todos han surcado estos paisajes, estas ciudades y estos pueblos en los que la historia ha dejado huella.
Yacimientos megalíticos, ruinas romanas, monumentos románicos, renacentistas o contemporáneos… son tesoros insospechados para el visitante y el excursionista.
Y los caminos siempre conducen a las ciudades, a los pueblos y a los bonitos campos circundantes. Las asociaciones excursionistas locales han señalizado y mantienen en buen estado los miles de kilómetros de senderos con nombres mágicos, seductores, atractivos y, hasta podría decirse, refrescantes. Todos son aptos para todos los niveles.
Aquí abundan los itinerarios marcados que conducen a lugares insospechados y presentarán al caminante ante paisajes sorprendentes. Cruzan los valles suaves de la Saintogne y de Charente, surcan las tierras de las vides y de las orquídeas salvajes, que hacen las delicias de los aficionados a la botánica, superan las amplias zonas frescas y perfumadas del Bocage y se detienen ante los paisajes suaves de sotobosque de Montmorrilon mientras las ovejas pacen…
Los recuerdos de una excursión a pie con los amigos o la familia quedan impresas en la mente para siempre tras recorrer los vastos horizontes de las marismas del Marais Poitevin, refugio de miles de aves antes de cruzar el océano, o los grandes bosques de pinos marítimos que crecen junto al litoral, cuyos pies se cubren de florecitas silvestres.
Y por la tarde, al llegar al destino, la amabilidad de los habitantes de Poitou-Charentes y la riqueza de su tradición culinaria devuelven toda la energía necesaria para reemprender la marcha al día siguiente.